Rompí con una amiga
o qué dicen de mí los vínculos que construyo
Decir que “rompí con una amiga” suena infantil, ¿no? Suena a algo que hubiera dicho a los quince años, con la cara empapada en lágrimas y un dramatismo digno de telenovela adolescente. O incluso antes, a los cinco, de forma menos articulada y más brutal, con esa intensidad salvaje que tienen las primeras penas.
Quizás suena ridículo porque, en el fondo, sigo teniendo quince años. O quizás cinco. Sigo siendo esa nena que camina hasta el arenero del jardín y le pregunta a otra si quiere ser su amiga, con esa mezcla de audacia y vulnerabilidad que sólo tienen las niñeces.
La única diferencia es que esta vez fue al revés:
—¿Seguimos siendo amigas? —pregunté.
Y si están leyendo esto, ya se imaginan la respuesta.
“Algo se rompió”, me dijo.
People are people,
And sometimes it doesn't work out,
Nothing we say is gonna save us from the fall out.
Primero vino el llanto, claro. Ese llanto que una esconde mientras viaja en el colectivo o lava los platos. Después, la desorientación: ese vértigo raro de perder algo que creías firme. Como si el piso se volviera arena. O tal vez yo me llenara de helio y empezara a flotar, sin freno, hasta salir de la atmósfera.
Pero con los días, cuando el ruido emocional empezó a bajar, llegaron las preguntas importantes. Tibias, lentas, inevitables. No vinieron a arrasar, sino a calmar. A dejarme ver el fondo.
¿Realmente había algo rompible desde el principio?
¿Era esto una amistad con cuerpo, con espesor, con capas? ¿Tenía, en su centro, un núcleo tan cargado de intensidad que era frágil precisamente por eso: por ser tan fuerte, tan demandante, tan lleno de sentido? ¿O era apenas una idea linda, etérea, de esas que se sienten intensas pero se evaporan con el primer roce de realidad?
Tal vez era eso: una piel finita. Algo que se rajó con un pedacito de granizo de verano, algo que se deshizo con un viento tierno de otoño.
They say, "You're a little much for me
You're a liability
You're a little much for me"
So they pull back, make other plans
I understand, I'm a liability
En el fondo lo sé: fue más una compañía que una amistad verdadera.
Una también puede mentirse a sí misma, forzarse a creer —y a crear— algo que ya intuía que no cerraba por ningún lado.
A veces, una relación se vuelve más fuerte en el deseo que en la realidad.
Y yo, definitivamente, quería que fuera una amistad grande. De esas que duran décadas, que resisten crisis.
Quería que fuera contención, espejo, casa.
Y tal vez por eso la idealicé.
Tapé los silencios incómodos. Disimulé los gestos que dolían. Tejí sobre huecos para no ver que, en realidad, todo el tejido estaba lleno de nudos flojos.
Hay vínculos que una sostiene por pura voluntad, como si bastara con desearlos para que existan. Pero no alcanza. No alcanza con imaginar una amistad para que esta exista. El castillo de naipes que yo había construido en el aire se disfrazó de fortaleza y, al final, se mostró tal cual era: un hueco lleno de expectativas incumplidas.
No es la primera amiga que se aleja. Asumo que no será la última. La gente viene y va. Te acompaña un ratito y después desaparece. Eso no me preocupa.
Lo que realmente me preocupa es otra cosa. Es el tipo de personas que sigo eligiendo para construir una amistad. Y lo que eso, quizás, dice de mí.
Tal vez, las amistades más verdaderas son justamente esas que no son perfectas, que duelen, que ponen a prueba nuestra vulnerabilidad y fortaleza. Son relaciones con un núcleo frágil porque están cargadas de expectativas y emociones intensas, pero que a pesar de eso, o quizás gracias a eso, dejan una marca imborrable.




ufff, tuve un flashback. qué estremecedor leer esto, en especial porque nunca lo he puesto en palabras, ni se me había pasado por la cabeza hacerlo. gracias!!!❤️🩹
Gracias por compartirnos este texto. Como dices, uno espera que ciertas amistades se vuelvan contención, espejo, casa. Hasta que se van, y llega un shock de realidad.
Me pasó hace poco tiempo, así que no estás sola. Un abrazo 🫂🫶🏻